Esperaba una Berlin oscura, con alguno que otro edificio moderno, qué se yo, un híbrido resultante de la cruza de "Top Secret" -la de Val Kilmer joven- Puerto Madero y "Amén"-de Kosta Gavras-. Y me encontré con otra cosa. Claridad, color, modernidad. Limpieza -parece el eslogan de McDonalds "calidad, servicio y limpieza"-.
Y los alemanes son amables, sobre todo si una trata de hablar el alemán.
Caminamos bastante el primer día. Y el camino elegido parece que tenía gran contenido histórico porque había un profesor con sus alumnos que hacían el mismo recorrido y se detenían en algunos lugares. Anduvimos por la Friederichstrasse, que toca uno de los centros de espectáculos importantes de hace muchos años y de hoy también. Esa calle también tiene muchos comercios, y está flanqueado por algunos edificios nuevos y edificios viejos reciclados. Parece que en la época del muro esa era una calle crucial, no sólo por el Checkpoint Charlie sino porque había un lugar en el que aparentemente se gestionaban permisos y se lo conocía como el "Palacio de las lágrimas".
Al llegar a la avenida Unten den Linden, que lleva a la Puerta de Brandenburgo no pude resistir la tentación de meterme en un meganegocio de Nivea. Toda la línea de productos en envases minúsculos y extra grandes...
Cerca de la Puerta de Brandenburgo, embajadas de diversos países -bien modernas-, la sede del Parlamento y la Puerta. Enorme. Cuatro bailarines bailando algo que creo que era street dance, carros con caballos, un stormtrooper (de guerra de las galaxias) y mucha gente. Me conmovió ver a unos metros de la Puerta un alambrado con los nombres de muchas personas que intentaron cruzar el muro y murieron en el intento.
Pero, más que caminando y en subte, a Berlín hay que conocerla en bicicleta, tal como me recomendó mi hermana. Hay una red buenísima de bicisendas, se puede andar bordeando los ríos, y los paisajes, ya sea naturales, o urbanos, son hermosos desde la bici. La brisa corre desde el río, el sol te pega de costado y de pronto, detrás del pasto bien verde se aparece la estación de trenes principal, la Haupbanhof, que parece de cristal porque está hecha de hierro y vidrio en su mayoría. Y ese es sólo uno de los tantos nuevos edificios que conviven con los viejos, muchos de ellos reconstruidos después de la segunda guerra mundial.
(casa de las culturas del mundo...o algo así)
Si no me explicaban los estragos que causó la guerra en la ciudad, si no hubiera conocido el testimonio del nazismo en el museo de la Topografía del Terror, si no hubiera sabido del muro ni andado en bici por su antiguo trazado, en tres días de sol con un poco de lluvia, no me daba cuenta del terrible pasado de Berlín y de su gente. Al andar por sus calles, interactuar (mínimamente) con ellos, e incluso al pasar por barrios medio oscuros del ex Berlín del Este, se respira en el aire y en las caras novedad y vida.
Observaciones:
-Berlín es más barato que las otras ciudades que visitamos.
-La ciudad es menos ingrata con la gente que tiene movilidad reducida. La gente anda con todo tipo de bastones y sillas de ruedas sin problemas.
-Las ofertas son ofertas (me compré unos zapatitos primaverales hermosos)
-Los restaurantes italianos son atendidos por italianos de verdad y la comida es ri-qui-si-ma
-Sigue la diversidad cultural en las caras que vemos y en las voces que oímos
-La cantidad de bicicletas que circulan en la ciudad es sorprendente
-Los ciclistas andan a velocidades increíbles y las bicis tienen luces
-Caminando a la noche, vi un perro con una lucecita roja titilante para que lo miren los automovilistas y no lo atropellen (aparte el perro era negro)
-Fuimos a lavar la ropa a un lavadero que también era café. El señor que lo atendía era una mezcla de Ante Garmaz, John Malcovich y casi casi Andy Warhol. Tomamos un cafecito glamoroso con croissants mientras la ropa se lavaba.
-La ciudad está hecha para los que mandamos postales. No sólo hay buzones en muchas partes sino que también hay expendedoras de estampillas, que si pagás de más te dan vuelto en estampillas!
-El primer día en el hostel tuvimos happy hour de cervezas gratis, hic. Luego fuimos a ver la ciudad desde la torre de la tele, que mide unos 206 mts y tomamos un café en la confitería girato-girato-giratoria...
-La última noche en el hostel, nos tocó una habitación compartida entre diez personas. Cuando llegamos, no sabíamos con qué nos podíamos encontrar. Al entrar un enano le estrechó la mano a Fabi y se presentó. Fue el primer compañero de hostel que saluda cuando nos ve. Este muchacho resultó ser mi compañero de cucheta ( a mi me tocó la cama de arriba). A Fabi no le gustó mucho.
Besos a todos, y gracias por los comentarios!
1 comentario:
Caro, la verdad que leer lo que comentas te puede hacer obviar las fotos, sos tan expresiva que imaginando lo que escribis tenes todas las postales, bueno decile a Fabi queeeee, que se yo un enano es un enano, no es competencia para él, esepto que cante tango, por que ahi comienzan a tallar otras cosas. Besos y saludos que la sigan pasando bien. Luis
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