lunes, 17 de octubre de 2011

Praga como en un sueño

-Antes que nada, quisiera expresar mi ligera incomodidad al escribir sobre el viaje luego de llegar, pero bueno, quiero que aparezcan todas las ciudades por las que pasé. Ah, y pido disculpas por las oraciones largas, ya las arreglaré...-

El tren salió de Berlín bastante temprano y llegamos a Praga al mediodía. El camino nos sorprendió porque poco a poco aparecieron montañas, mucho verde, un río con pueblitos de cuentos a la orilla, y sol.


Tengo la impresión de haber transitado en sueños en esta ciudad. Sólo teníamos cinco horas para pasear antes de que saliera el siguiente tren a Viena y creo que no hubo tiempo de tomar conciencia de que estábamos allá.

En cuanto a la orientación y al aprovechamiento del tiempo, ayudó mucho que yo haya estado en Praga años atrás, y también que -al menos así lo siento yo- los edificios históricos están todos juntos, muy viejos, muy hermosos y bien pintados. Pero por sobre todo, bien juntos.

La visita se realizó a pleno rayo de sol, un poco veraniego para la época. Nuestra primer parada (y a la vuelta, la última) fue la plaza cuyo nombre ahora no recuerdo -y tengo la suficiente pereza como para no estirar mi brazo y agarrar de la biblioteca el diario de viaje-, que como tantas plazas (por no decir todas) que vi, no tiene pasto sino que es un espacio abierto entre casas e iglesias, en donde está el reloj astronómico. Y nos subimos a la torre que está al lado del reloj. ¿Es necesario acordarse de todos los nombres de los edificios?

Caminar por esta ciudad no deja de encantarme -no en el sentido de "gustarme" sino en el sentido de "hechizarme"- ya que pareciera que camino entre cuentos de hadas, o que el Golem está escondido en cualquier parte, atento.




Unos helados de chocolate y frutilla nos ayudaron a remontar la cuesta para llegar al Castillo de Praga. Si no me equivoco, el castillo de Praga no es sólo el castillo, sino que lo componen la catedral de San Vito (bien puntiaguda como puercoespín), el castillo medieval, y las casitas del Golden Alley (y alguna otra cosa más que probablmente olvidé).


Luego bajamos la cuesta, cruzamos el río, pasamos por una exposición sobre Italia (algo de promoción turística, en uno de los puestos había un arco armado, y un arquero, y la gente pateaba) y llegamos al barrio judío. La sinagoga vieja nueva, el cementerio, parecen transportados desde tiempos lejanos.

De vuelta en la estación, antes de tomar el tren, compramos con las últimas coronas que nos quedaban un bombón de chocolate. Delicioso.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Another brick in the wall. Tres días en Berlín

Berlín es una ciudad imponente. Y fácil de visitar. El tren, el subte, los colectivos son fáciles de entender, tienen los recorridos claros, y muchos puntos importantes para el turista argentino están cubiertos por la red de subtes.
Esperaba una Berlin oscura, con alguno que otro edificio moderno, qué se yo, un híbrido resultante de la cruza de "Top Secret" -la de Val Kilmer joven- Puerto Madero y "Amén"-de Kosta Gavras-. Y me encontré con otra cosa. Claridad, color, modernidad. Limpieza -parece el eslogan de McDonalds "calidad, servicio y limpieza"-.

Y los alemanes son amables, sobre todo si una trata de hablar el alemán.
Caminamos bastante el primer día. Y el camino elegido parece que tenía gran contenido histórico porque había un profesor con sus alumnos que hacían el mismo recorrido y se detenían en algunos lugares. Anduvimos por la Friederichstrasse, que toca uno de los centros de espectáculos importantes de hace muchos años y de hoy también. Esa calle también tiene muchos comercios, y está flanqueado por algunos edificios nuevos y edificios viejos reciclados. Parece que en la época del muro esa era una calle crucial, no sólo por el Checkpoint Charlie sino porque había un lugar en el que aparentemente se gestionaban permisos y se lo conocía como el "Palacio de las lágrimas".

Al llegar a la avenida Unten den Linden, que lleva a la Puerta de Brandenburgo no pude resistir la tentación de meterme en un meganegocio de Nivea. Toda la línea de productos en envases minúsculos y extra grandes...

Cerca de la Puerta de Brandenburgo, embajadas de diversos países -bien modernas-, la sede del Parlamento y la Puerta. Enorme. Cuatro bailarines bailando algo que creo que era street dance, carros con caballos, un stormtrooper (de guerra de las galaxias) y mucha gente. Me conmovió ver a unos metros de la Puerta un alambrado con los nombres de muchas personas que intentaron cruzar el muro y murieron en el intento.




Pero, más que caminando y en subte, a Berlín hay que conocerla en bicicleta, tal como me recomendó mi hermana. Hay una red buenísima de bicisendas, se puede andar bordeando los ríos, y los paisajes, ya sea naturales, o urbanos, son hermosos desde la bici. La brisa corre desde el río, el sol te pega de costado y de pronto, detrás del pasto bien verde se aparece la estación de trenes principal, la Haupbanhof, que parece de cristal porque está hecha de hierro y vidrio en su mayoría. Y ese es sólo uno de los tantos nuevos edificios que conviven con los viejos, muchos de ellos reconstruidos después de la segunda guerra mundial.



(casa de las culturas del mundo...o algo así)

Si no me explicaban los estragos que causó la guerra en la ciudad, si no hubiera conocido el testimonio del nazismo en el museo de la Topografía del Terror, si no hubiera sabido del muro ni andado en bici por su antiguo trazado, en tres días de sol con un poco de lluvia, no me daba cuenta del terrible pasado de Berlín y de su gente. Al andar por sus calles, interactuar (mínimamente) con ellos, e incluso al pasar por barrios medio oscuros del ex Berlín del Este, se respira en el aire y en las caras novedad y vida.





Observaciones:
-Berlín es más barato que las otras ciudades que visitamos.
-La ciudad es menos ingrata con la gente que tiene movilidad reducida. La gente anda con todo tipo de bastones y sillas de ruedas sin problemas.
-Las ofertas son ofertas (me compré unos zapatitos primaverales hermosos)
-Los restaurantes italianos son atendidos por italianos de verdad y la comida es ri-qui-si-ma
-Sigue la diversidad cultural en las caras que vemos y en las voces que oímos
-La cantidad de bicicletas que circulan en la ciudad es sorprendente
-Los ciclistas andan a velocidades increíbles y las bicis tienen luces
-Caminando a la noche, vi un perro con una lucecita roja titilante para que lo miren los automovilistas y no lo atropellen (aparte el perro era negro)
-Fuimos a lavar la ropa a un lavadero que también era café. El señor que lo atendía era una mezcla de Ante Garmaz, John Malcovich y casi casi Andy Warhol. Tomamos un cafecito glamoroso con croissants mientras la ropa se lavaba.
-La ciudad está hecha para los que mandamos postales. No sólo hay buzones en muchas partes sino que también hay expendedoras de estampillas, que si pagás de más te dan vuelto en estampillas!
-El primer día en el hostel tuvimos happy hour de cervezas gratis, hic. Luego fuimos a ver la ciudad desde la torre de la tele, que mide unos 206 mts y tomamos un café en la confitería girato-girato-giratoria...
-La última noche en el hostel, nos tocó una habitación compartida entre diez personas. Cuando llegamos, no sabíamos con qué nos podíamos encontrar. Al entrar un enano le estrechó la mano a Fabi y se presentó. Fue el primer compañero de hostel que saluda cuando nos ve. Este muchacho resultó ser mi compañero de cucheta ( a mi me tocó la cama de arriba). A Fabi no le gustó mucho.




Besos a todos, y gracias por los comentarios!

lunes, 26 de septiembre de 2011

Estoeselcolmo

Todo empezó hermosamente. Llegamos a un aeropuerto pequeño, fuimos a la oficina de turismo y la chica nos recomendó visitar Nykoping, el pueblito al lado del aeropuerto de Skavsta (no Skanska). Había sol, y dijo que en el pueblo estaba la estación de trenes, asi que no habría problemas para ir a Estocolmo.

Fuimos en bus hasta el pueblo, dejamos las valijas en un hotel que daba ese servicio (enla estación no las guardaban) a cambio de unas cuantas coronas.
EL pueblo es pintorresco, en la oficina de turismo nos indicaron un recorrido. Comenzamos por la iglesia, protestante, como casi todas las de Suecia. La iglesia, alta, espaciosa y cálida a la vez. Detrás de los bancos había una mesita con lápices de colores y papeles y sillitas para niños. Era para que los chicos se sentaran ahí en la misa. Adorable, no?

El pueblo creció alrededor del río, fue incendiado por accidente, luego incendiado por los rusos y siempre renaciò. Nada de eso parece haber sucedido, las casas y edificios son de colores, mantienen la tradición de épocas pasadas y los puentes sobre el rìo te invitan a sentarte y mirar. Una señora le habló a Fabi y le dijo algo sobre su pelo en sueco. Lo que atinó a decir en inglés fue que era voluminoso, pero no sabemos si eso fue lo que realmente quiso decir.



Para hacerla corta, después de ver el pueblo, y agotados porque no habíamos dormido nada el día anterior (y yo andaba con tacos por Nykoping, no me pregunten por qué), fuimos a la estación de tren y sacamos boletos escandalosamente caros. Resulta que la vendedora para "facilitarnos" la experiencia nos había vendido amablemente... boletos de primera clase!

Bueno, pasada la impotencia, y rogando por una cama, llegamos a Estoeselcolmo, y fuimos al hostel. Ya desde el tren pudimos apreciar lo hermosa que es la ciudad, sobre todo porque está construida en islas, y todo está tan prolijo y colorido.
Me impresionó un poco la manada de gente que salía desesperada de los subterráneos y te llevaba puesta por poco. Luego nos dimos cuenta de que era viernes a la hora de volver a casa, y comprendimos la desesperación.

Observaciones:

-A Estocolmo también llegó la diversidad cultural, gran cantidad de gente de Africa, india, paìses musulmanes, países de latinoamérica...y hablan sueco...eso es más o menos lo que se escuchaba, salvo los idiomas de los turistas.
-Son tan puntuales...el micro que nos llevó al aeropuerto, salió antes de la hora! (bueno, debo aclarar que estaba lleno, pero quería dar un efecto dramático)
-No pude corroborar si hay eggMcmuffin en el desayuno.
-Pudimos ver el cambio de guardia en el palacio real, y cómo unos minutos antes de que empezara, dos viejitas se interpusieron en el camino del guardia que estaba en su garita para sacarse una foto y el guardia les hacía señas para que se corran
-La mayonesa y otras salsas vienen en pomo como el dentífrico
-Los perros están presentes en muchos lados, subte incluido.
-Presenciamos el ensayo de un coro de una iglesia, y un funeral en otra iglesia.
-No vimos oficinas de turismo en la ciudad que nos pudieran orientar ni un poquito
-Se respira paz. Una vez superada la parquedad de la gente que vimos, nos dimos cuenta de que son muy amables y respetuosos del espacio del otro.
-Probamos fideos gratis en una plaza, porque una empresa de pastas italianas se acababa de instalar en Suecia y estaba promocionando su producto (instalaron una gran carpa, daban clases de cocina, transmitían por tele y cocinaban y servían a los interesados. La gente no se apelotonaba.
-Los ferrys indicados en el mapa no siempre coinciden con la realidad.








Besos a todos! Reportando desde el "laverrap" más fashion de Berlín. Ampliaremos.

A pedido del público



No sé si se aprecia...

viernes, 23 de septiembre de 2011

Last train to London






El Eurostar nos dejó en la estación de St Pancras. Me llamò la atención la estatua de una pareja besándose, y los afiches que dicen "Kissing at St Pancras". Parece que se trata de una estrategia de promociòn del turismo...

De ahì nos tomamos el subte, el Victoria line, hasta el hostel en Oxford Street... Esos minutos de marcha eterna por pasillos y pasillos, gente por todos lados, subtes angostitos, fue una odisea. Finalmente salimos a la luz, y marchamos hasta el hostel.

Què placer escuchar el acento inglés! Aunque debo confesar que ese no es el único acento que se escucha por la calle. Mucho ruso, mucho hindú, y otros (castellano de todos lados, también)...

Me costó un poco creer que ya estaba en Londres. Micros rojos de dos pisos, el Picadilli Circus más chico de lo que imaginaba, el parlamento y la Abadía de Westminster...pero aún así, todavía me costó sintonizar, debe ser eso de que el alma viaja más lento que el cuerpo. De todos modos, al visitar el recontruido teatro El Globo, de Shakespeare, y luego comer un suculento plato de Fish and Chips, todo cobrò sentido.

Pasamos por la puerta de Hamley's, la juguetería más antigua de Londres y entramos. De antigua no tiene mucho en apariencia. Son seis o siete pisos temáticos, vendedores que podrían tranquilamente animar fiestas infantiles y juguetes que en realidad quisiera comprarme para mì. Fabi quedó enamorado de un helicóptero a control remoto. La barbie de la duquesa de Cambridge les saliò re fea y cabezona.

Observaciones:
- La gente no lleva mucho al perro al subte. En vez de pugs, hay labradores y otros perros cuya raza desconozco. Llevan el perro al parque.
-Los ingleses son tan amables! Dos casos para destacar: Uno. Buscando el bus para ir a Notting Hill, un jovencito (que ahroa que lo pienso, parecía drogado o un tanto tomado) nos explicó cómo era la mejor opción para ir, y nos pidió disculpas por no poder acompañarnos hasta la parada que él indicaba. De todos modos, no le hicimos caso (menos mal), y llegamos sin mayores problemas a destino. Dos. Comiendo una cena rápida de sandwichitos en la vereda de Kensington Gardens frente al elegante Royal Albert Hall, un joven inglés nos pidió que le cuidemos la bicicleta mientras él "went to the loo" (iba al baño). Le dijimos que sí y, resuelto, saltó la reja de los jardines y cumplió su cometido. A la vuelta nos agradeció, nos preguntó de dónde éramos, nos dio la bienvenida a Londres y nos deseó una hermosa noche.
-Los émpleados de las oficinas de turismo son unos personajes, no sólo dan excelentes explicaciones y sugerencias ("The London Bridge is boring, go the Tower bridge" ; "if you want to go outside of London, but at the same time, inside of London, go to Greenwich") , sino que indican la manera más barata de surfear la ciudad.
-El London Eye es una experiencia panorámica interesantìsma.
-Es recomendable ir a un concierto al Royal Albert Hall, aunque no conseguimos entradas para ver a Adele, fuimos a ver un show tipo café concert de jazz buenísimo
-En Londres también tienen egg Mcmuffin
-Los londinenses son elegantísimos para vestirse (lástima que la ropa en Oford Street estaba en libras!)
-Hay Starbucks por todos lados.
-Quiero volver
-Cuando visitamos Greenwich estaban filmando Sherlok Holmes II (no lo vimos a Robert downey)
-Sacarse una foto en Abbey Road es im-po-si-ble, hay más tráfico que en la Av. Corrientes

Besos a todos!

(sepan disculpar errores de ortografía y tipeo... :-) )

La próxima entrega... Tres días en Estoeselcolmo... Ampliaremos!

martes, 20 de septiembre de 2011

Tres días en París






Antes que nada, tres dìas en Paris son pocos y hay que ser fuerte para sobrevivir a la urgencia de querer conocer todo en tan poco tiempo.

Llegamos a Orly y compramos un pase de transporte por tres dìas que nos cubrìa todos los transportes pùblicos, con el consecuente ahorro de dinero y tiempo. El mejor invento despuès de la tarjeta SUBE.

El hotel estaba a una cuadra de la Gare du Nord. La zona es limpia y linda, pero no tiene el glamour de otros barrios de Paris. De todos modos, el hotel era decente, el staff, amable, estàbamos cerca de todos los medios de transporte, y convengamos que despuès de conocer los barrios aledaños a nuestras estaciones de tren, esta no tiene nada para temer (sòlo hay que estar atentos a los niños arrebatadores).

[Este relato lo intercalo con el paisaje del norte de Francia en nuestro camino rumbo a Londres. Nos fuimos sin desperdirnos de Paris, con la esperanza de volver otro dìa. ]

Es notable la inmigraciòn africana, de la India y de medio oriente que vimos. Todos conviviendo en una atmòsfera general de aceptaciòn y tolerancia. Por lo general fuimos tratados muy bien -contrario a lo que se dice de la falta de amabilidad francesa-, sòlo vivimos dos o tres honrosas excepciones.

Con tan poco tiempo en la ciudad, me pregunto si en realidad estuvimos todo el tiempo en la Parìs real o en la Parìs de nuestro imaginario.

[Oh, acabamos de pasar por un campo con molinos de energìa eólica]

Algunas observaciones:
-Hay muchos Starbucks
-Los franceses llevan a sus perros a todos lados, incluso al subte (el perro de moda parece ser el "pug")
-Hay chicas aparentemente extranjeras que se hacen pasar por sordomudas en campaña de recaudaciòn de fondos para audìfonos. Cuando, despuès de un buen rato, le decìs que no, echan un grito de enojo que no es de sordomudo.
-Llevan la notebook a casi todos lados, incluso a Mc Donalds
-Los pasillos subterràneos no dan miedo
-Las bicisendas estàn en la vereda y los ciclistas van a velocidades temerarias
-Ahora cuando decimos Argentina, la gente dice "Messi"
-En Mc Donalds tienen Egg Mcmuffin (con el pan de maìz) en el desayuno
-Los franceses no saben donde està la librerìa Shakespeare and Co. y encima me vengo a dar cuenta de que sòlo venden libros en inglès ahì, mon dieu!
-Amo los cafès con las sillas afuera, y amo los buzones por todos lados, amo que al comprar postales, te ofrezcan estampillas
-Los niños hablando en francès son una ternura total
-Es un placer pasear por el mercado, el olor a quesos, fiambres, pescado fresco... comprar frambuesas u otra fruta -te las dan en unas canastitas de cartòn o en bolsitas de papel madera- y luego ir comièndolas por la calle mientras paseamos
-Los puentes sobre el Sena son romànticos
-Los monumentos que se ven a la distancia, no están tan cerca como parecen

Besos a todos!

sábado, 30 de abril de 2011

domingo, 24 de abril de 2011